19 jun 2012

La primera semana: Filadelfia, Nueva York y Reykjavik

Difícil de creer que hoy cumplo una semana viajando! El tiempo se me ha pasado muy rápido. Hace una semana volé de México D.F. a Filadelfia. Dos días después tomé un autobús a Nueva York, y hace dos días (el domingo 17) volé de NY a Reykjavik. En los EUA me hospedé con amigos: David y Anca en Filadelfia, Lorenzo y Galina en Nueva York. Muchas gracias por su hospitalidad! Ahora, en Reykjavik, Islandia, estoy hospedado en el hostal Kex. Un sitio muy agradable, excepto por el hecho de que se les olvidó ir a recogerme al aeropuerto! Afortunadamente, pude tomar otro autobús, aunque perdí media hora.

Uno de los objetivos de mi viaje a los EUA fue comprar o recoger gran parte de mi equipo de camping: en las 2 semanas previas compré en internet, principalmente en REI y en Amazon, artículos como una tienda de camping, sleeping bag y sleeping mat, estufa de camping, etcétera. Todos fueron enviados a casa de David y Anca en Filadelfia. Esto quiere decir que, cuando finalmente llegué ahí el martes en la noche, me topé con una colección de cajas y una sensación de Navidad adelantada. Quiero decir, Navidad como si tuviera otra vez 6 años! Abrí caja tras caja con la ilusión de un niño abrumado por "regalos": pasó tanto tiempo entre la compra de estos artículos en internet y mi llegada a Filadelfia, que realmente había olvidado muchas de las cosas que había comprado. Pero todo estaba ahí, y todo funciona muy bien! 
En Filadelfia también visité el campus de la Universidad de Pennsylvania, mi alma máter, que recientemente construyó un impresionante complejo deportivo -Penn Park- en lo que antes eran terrenos en desuso de la compañía postal estadounidense (USPS). Pero al cabo de dos días abordé un autobús a Nueva York -MegaBus, $1.50 dólares! Llegué a casa de Lorenzo y Galina, en el extremo norte de Manhattan, calle 175. Nueva York fue, en esta ocasión, un destino de shopping: en tres días visité tres veces la tienda REI, que es un lugar extraordinario para comprar todo lo relacionado con expediciones, camping y deportes de aventura (incluyendo ciclismo). REI es una cooperativa de la cual recientemente me volví miembro (para disfrutar rebajas, por supuesto). La atención al cliente es excelente: en 3 días devolví 2 productos, y recibí un reembolso inmediatamente. También me gusta el hecho de que los empleados de la tienda realmente te ayudan a lo largo de todo el proceso de selección de artículos, y te ayudan a resolver todas tus dudas. En mi caso, el artículo más importante que me faltaba comprar era un GPS. Finalmente me decidí por el Garmin 62s. Ya tuve oportunidad de probarlo en las montañas de Islandia: funciona muy bien! Imposible perderte con este aparato.
En Nueva York la avenida Broadway fue peatonalizada hace unos años.
Ahora es una gran plaza lineal, siempre llena de turistas. Es como si en el DF
peatonalizaran Paseo de la Reforma. Un gran acierto del alcalde Bloomberg.
Además de los productos de camping y de expedición, en NY compré mi primera cámara DSLR: una Canon Rebel T3i. Desde hace unos 9 meses había estado analizando las opciones de cámaras para llevar en mi viaje. Al final me decidí por la T3i porque (a) tiene excelentes reseñas, (b) su precio es moderado (750 por el kit con lente 18-55mm, y 950 dólares por el kit con lente 18-135mm IS) y (c) es una cámara con la que podré aprender mucho. Es decir, no es tan avanzada como para confundirme y frustrarme, pero me ofrece la capacidad de ir descubriendo "features" poco a poco, conforme desarrolle mi conocimiento técnico y estético de la fotografía. La cámara la compré en B&H, la famosa tienda de fotografía en la calle 34, atendida casi exclusivamente por judíos ortodoxos.
Una de las primeras fotos que saqué con mi nueva cámara Canon Rebel T3i:
el icónico Empire State Builing (que, por cierto, otra vez dejó de ser el
edificio más alto de Manhattan: ahora lo es la Liberty Tower)
Disfruté mucho mi tiempo en Filadelfia y NY, particularmente la convivencia con amigos de la universidad. Pero el domingo volé a Islandia, con miras a disfrutar una experiencia completamente distinta. Es mi tercera visita a este remoto país en la mitad del océano Atlántico, ubicado justo debajo del Círculo Polar Ártico. En esta ocasión, al igual que hace 2 años, estoy haciendo una escala de 3 días en mi trayecto de Nueva York a Londres. Ya he descrito este esquema de Icelandair en otro post
Mi llegada al país fue peculiar: el avión aterrizó a las 11.40 PM, y el sol aún brillaba sobre el horizonte! Mi hostal olvidó pasar a recogerme, por lo cual estuvo dando vueltas por el aeropuerto durante media hora. Al termino de ésta, abordé un autobús turístico rumbo a la ciudad, de esos que van dejando a la gente en sus hoteles. Para cuando llegué al Hostal KEX, en el centro de la ciudad, ya era la 1.30 AM. Ahí siguieron los problemas: al recepcionista le tomó casi un cuarto de hora encontrar mi reservación! El problema es que me habían apuntado con mi segundo apellido, en vez del primero. Luego de instalarme en mi dormitorio de 16 camas (todas ocupadas con seres durmientes, excepto la mía) bajé a la recepción a pedir una llave para un locker. El recepcionista me dijo que primero tenía que hacer un depósito de 1000 coronas islandesas (krónur), aproximadamente 110 pesos. Y tenía que ser en efectivo. Dado que yo no había cambiado dinero aún, el recepcionista sugirió que fuera caminando a un ATM. Bueno, creo que normalmente no es buena idea caminar solo a un cajero automático a las 2 AM en ninguna ciudad. Pero sucede que, en el verano islandés, las 2 AM no son la hora de oscuridad que domina en otras latitudes. Realmente nunca deja de haber luz en Islandia en esta época del año: el sol se oculta un par de horas bajo el horizonte, pero el ocaso dura hasta el amanecer. No hay oscuridad. Además, Reykjavik es una de las ciudades más seguras del mundo. Por lo tanto, acepté la sugerencia del recepcionista de ir caminando al ATM y de paso fui a una tienda de conveniencia a comprar mi cena. 
Panorámica del centro de Reykjavik, una ciudad limpia y bonita
rodeada de mar. Es la capital más norteña (septentrional) del mundo.
Al día siguiente, luego de disfrutar el excelente desayuno buffet del hostal KEX, hice lo que siempre hago cuando estoy en Reykjavik: fui a una de sus múltiples albercas públicas. Bueno, son mucho más que albercas: son centros acuáticos, o de plano Spas, con jacuzzis al aire libre, baños de vapor, regaderas, salones de masaje, etcétera. El costo de admisión? 500 krónur, o sea 55 pesos mexicanos. Sobra decir que las instalaciones son extraordinarias, impecables y modernas, al nivel de los clubes más caros de México.
En la tarde decidí que era un buen día para realizar una breve expedición a la cima del monte Esja, ubicado unos 20km al norte de Reykjavik, con un altura de 800 metros sobre el nivel del mar. Bueno, Wikipedia me informa que Esja no es una montaña, sino una cordillera montañosa de origen volcánico, y que su altura no es 800 metros sino 914 metros. Pero la cima de la cordillera es casi plana, y se extiende por muchos kilómetros. Esja domina cualquier panorámica de Reykjavik en dirección norte, y por lo tanto juega un papel similar al Ajusco en el DF. Escalar la montaña no es difícil, lleva aproximadamente una hora y media a una persona razonablemente sana.
Monte Esja, 800 metros
Sólo en Islandia se me ocurriría iniciar el ascenso de una montaña a las 5 PM. Pero en este lugar, en esta época del año, jamás oscurece, y en todo caso el sol apenas se oculta un par de horas pasada la media noche. Antes de tomar los dos autobuses con dirección a Esja (autobús 15 de Hlemmur a Hoholt, seguido del 57) compré dos litros de agua, mucho pan y mucho chocolate. Me puse pantalones términos y empaqué una chamarra gruesa de dos partes (rompevientos y suéter) así como guantes y gorro. Ah, y empaqué también mi recién comprado GPS Garmin 62s para que me resultara imposible perderme aún en la niebla. Si bien al nivel del mar la temperatura era de 13 o 14 grados centígrados al momento de comenzar el ascenso, es bien sabido que la temperatura del aire desciende unos 0.65 grados centígrados cada 100 metros de altura. Por lo tanto, era razonable suponer que las temperaturas en la cima serían de unos cuantos grados centígrados. Si a eso le sumamos el factor viento y el descenso de temperatura que acompaña al anochecer (aún si realmente no anochece tanto), hay aún más razones para ir bien abrigados a una montaña en un contexto cuasi-ártico. Aparte de comida, agua y ropa de frío, llevé mi recién comprada cámara Canon para no dejar escapar ninguna oportunidad de sacar fotos espectaculares.
GPSMAP Garmin 62s en la cima de Esja. Está en el modo de Travel Computer.


Un reloj solar marca la cima de Esja. Las nubes empezaban a
rodearme, aunque nunca fueorn un reto serio a la visibilidad. 
Todo salió muy bien. En realidad Esja es una montaña muy domesticada, la ruta está muy bien marcada (incluso hay 7 signposts con un mapa de ruta y texto en islandés) y es difícil perderse aún en condiciones de baja visibilidad. En el camino me topé con muchas familias y personas de todas edades, incluso niños y ancianos. Dado que Islandia tiene menos de 300 mil habitantes, es razonable suponer que un porcentaje considerable de la población nacional estaba escalando Esja ayer. Con muchas pausas para tomar fotos, llegué a la cima en unas dos horas. Luego caminé en la cima un buen rato, y emprendí mi retorno a las 8 PM. El descenso apenas me llevó una hora. Al volver al estacionamiento ubicado sobre la carretera, al inicio de la ruta de montaña, me di cuenta que el próximo autobús a Reykjavik pasaría a las 10 PM. Así que simplemente me puse en la carretera y levanté mi pulgar. El primer carro -insisto, el PRIMERO- se detuvo. El conductor me dijo que no iba a Reykjavik, pero que me podía dejar muy cerca. Subí al carro. Era un hombre muy amable, que también acababa de subir la montaña. Me dijo que trabajaba como terapista de un banco, lo cual me pareció curioso. Justo me dejó en una parada de autobús, donde esperé escasos diez minutos a que pasara la siguiente unidad, que me llevó rápidamente al centro de Reykjavik. Después de un baño y una cena austera, estuve listo para irme a dormir.

En la cima de Esja, antes de que nos atrapara la niebla. Atrás se ven
los suburbios del este de Reykjavik.


La cima de Esja es una plataforma de decenas de kilómetros
cuadrados. Todo a mi alrededor se veía así: piedra volcánica.
Bueno, hoy es mi penúltimo día en Reykjavik. Mañana vuelo a Londres. Creo que iré a pasear por la ciudad, y en algún punto iré a comer una sopa de langosta al célebre restorán Saegriffin (Barón del Mar) en el puerto. Luego iré a una alberca pública y quizá a la galería nacional. En la tarde veré en el pub del hostal los juegos de la Eurocopa. Mi próxima entrada del blog probablemente será desde Londres. Hasta pronto! 






12 jun 2012

Día D: inicia la aventura

Llegó el día D, el tan ansiado 12 de junio y con ello el inicio de mi expedición por el mundo. Como suele suceder en este tipo de ocasiones, el tiempo se me vino encima como una avalancha y no logré hacer todo lo que quería en anticipación a este viaje. Objetivamente, la planeación "técnica" del viaje ha salido bien (no hay que cantar victoria aún) pero la velocidad con la que abandoné mi vida cotidiana en el DF fue tal que aún me cuesta asimilarlo. En un espacio de diez días dejé de trabajar, me despedí de colegas del trabajo, de amigos y de familiares, y empaqué algunas pertenencias en mi viejo backpack. De ser un oficinista que acudía gustosamente a trabajar cada mañana, pasé a ser sencillamente un joven con sed de viajar. Soy el mismo, pero las circunstancias han cambiado. Es momento de hacer realidad mi sueño.  

No todo ha sido fácil. Al despedirme de varios amigos y familiares sentí una tristeza peculiar: comprendí que estaba dejando atrás a seres queridos que le dan sentido a mi vida, para iniciar un viaje solitario en búsqueda de aventura, en búsqueda de lo incierto y de lo exótico. Estoy convencido de que bien vale la pena llevar a cabo este proyecto. Pero creo que no había pensado en lo difícil que sería despedirme de personas tan valiosas, y que tal despedida sería tan súbita. Les echaré de menos y desearía que me pudieran acompañar. Al mismo tiempo, es muy afortunado que la tecnología nos permita mantenernos en contacto con tanta facilidad, con amigos en cualquier parte del mundo. Si bien la tecnología no reemplaza el contacto humano y la convivencia directa, al menos nos permite compartir con nuestros amigos y seres queridos mensajes, fotos y videos en tiempo real. Así, estas personas pueden ser partícipes de nuestras aventuras y acompañarnos desde cualquier parte del mundo. Suena fácil todo esto en la 2ª década del siglo XX, pero es increíble lo distinto que era viajar apenas hace 20 años, cuando las postales, las cartas y el teléfono eran la única opción para comunicarnos con el resto del mundo. 

Así luzco al iniciar el Día D. 
Ayer me afeité la cabeza, completita. Fue un gesto simbólico: no me afeitaré ni me cortaré el cabello de manera indefinida, de modo que baste un espejo para recordarme lo mucho (o poco) que llevo viajando. 

Hoy vuelo a Filadelfia vía Miami. En Filadelfia estaré un par de noches con un amigo ecuatoriano de la universidad y su novia. El jueves salgo para Nueva York en autobús. Ahí estaré tres noches con un amigo mexicano y su novia. El domingo vuelo a Reykjavik, Islandia, donde me hospedaré tres noches en el hostal Kex. Finalmente, el miércoles 20 llego a Londres, y será al día siguiente cuando finalmente acuda a Mosquito Bikes a recoger mi bicicleta –mi Surly Long Haul Trucker. El sábado 23 tomaré un tren de Londres a Penzance, y el día siguiente iniciaré mi recorrido de 1,700 kilómetros de Land’s End a John O Groates en bicicleta. 

El reloj marca las 12.48 AM y creo que es hora de intentar conciliar el sueño, cuando menos unas cuatro horas. Hoy es un día importante. Es el inicio de una experiencia que seguramente cambiará mi vida –no, más bien, de una experiencia que se convertirá en mi vida. Una nueva vida llena de libertad, aventura e incertidumbre. Hasta la próxima!